ENTRE EL VINO Y MI ALMA

Te descorcho en silencio para brindar con el alma mía.

Esta alma mía que viene empujando la vela de mi barca, atravesando remansos y tempestades, pero siempre empujando la vela que mueve la barca de mi vida.

Si, hoy quiero descorcharte, para brindar por el alma mía, porque le debo un poema, porque en sus alas pesan las ausencias y lejanías de mi tierra.

Mientras danzas en mi copa, tu rojo color purpura evoca la lujuria eterna de mis días y pasiones brunas, mientras que en el brillo de esta copa se pasea sigilosa la luna.

Si, hoy quiero brindar por el alma mía.

Despiertas mientras te agito, y tus jóvenes fragancias reviven las letanías de mi infancia cargadas de sueños y esperanzas y al llevarte a mi boca te despliegas gallardo y elegante mientras mi alma juguetea en tus sueños líquidos como niño errante.

Alma mía, sé que un día volveré a verte libre como antes, por delante de mis sueños y quimeras, pero también sé que un día te iras yendo despacito, en puntillas, sin que lo note, como copa a copa se esta yendo este vino y tu romanza será así parte del infinito.

Si, hoy quiero brindar por ti alma mía, porque jamás te siento derrotada, es seguro la causa plena de seguir viéndote enamorada, de mis amores y amigos y las fragancias este buen vino.

TACITURNOS EN MI COPA

Anoche intente escapar de mi cuerpo en busca de fantasías, finalmente mi alma se enredó en el corazón, oyó a mi mente y la fuga se frustro.

Y así fue, que como el buen poeta que finge no saber lo que ya conoce, bajo un rosario de estrellas y luceros, en el sospechoso sereno de la noche descorche su misterio, que venía cabalgando como caballero errante en su negro corcel por la solitaria oscuridad nocturna.

Casi sin pensarlo, se desliza por la delicada garganta de su botella y en majestuosa caída llega a mi copa sediento de pasión.

Con toda su elegancia en pie, despierta de su lento letargo cargando sus sueños aromáticos que resucitan en mi copa.

Parece que solo yo lo siento, pero hasta las luciérnagas se acercan para a ser testigos de las iluminadas historias que empieza a contarme.

Tardaste toda una década para llegar a mi copa, por cierto, el mundo no ha mejorado desde entonces, pero tú sí.

Hoy una vez más pude descubrir que cuando tenemos un buen vino delante y bebemos su última copa, en realidad nunca se acaba, solo se esconde en el corazón.